Me asusta su miedo

Por: Jorge Macías Rodríguez
Me asusta su miedo

 

EN VERDAD me asusta su miedo, y en verdad me asusta mucho, esto lo digo con mucha seriedad ante los hechos que se consuman uno a uno sobre los anuncios que en campaña el entonces candidato republicano Donald Trump hizo a los votantes en Estados Unidos, y que hoy como presidente, ejecuta en menos de una semana dichas promesas electorales.

Mis ocho lectores (cuatro nacionales y cuatro extranjeros) dirán, ¿por qué tan miedoso mí ágrafo de chet?, pues les diré, me asusta y mucho, que mis gobernantes, mis politólogos preferidos, mis gurúes mediáticos y mi vecino, estén con el Dios en la boca porque Donald Trump, ya nos cumplió las amenazas proferidas: primero, confirma que se construye el muro que dividirá México con Estados Unidos o viceversa que al revés es lo mismo aunque no es igual como diría Vicente Fernández, en esos 3 mil 200 kilómetros de frontera.

Luego, nos adelanta que tratará de desvanecer el Tratado de Libre Comercio (TLC por sus siglas en español o NAFTA por sus siglas en inglés), y nos empieza a dejar sin aliados comerciales como Canadá, que ya de plano nos dijo “mexicanos, si tienen tele, ahí se ven”, y prefirió negociar por su parte el TLC.

Pero les decía que me asusta su miedo, porque nadie da pie con bola al tratar de hacer un comentario centrado, basado en hechos –no en sentimentalismos patrióticos baratos y de una saña en contra de todo lo que huela a Trump-, un comentario destilado en el cerebro no en los intestinos grueso y delgado, un discurso de estadista no de profeta del desastre, en fin, un pinche comentario a la altura de lo que está sucediendo hoy en el mundo, cargado de realidad y no de pendejadas ideológicas.

Pido perdón por lo de la realidad ideológica, y luego del exabrupto, prosigo.

Las cosas desde hace un par de décadas han venido cambiando en el mundo, una nueva revolución, la Revolución de la Riqueza, que se basa en el conocimiento y no en los factores tradicionales de la economía que son el trabajo, la tierra y el capital, nos han dejado como país muy atrás de nuestros socios comerciales a los que les surtimos de frutas y verduras, uno que otro jeans de mezclilla y algunas piezas de orfebrería, mientras que ellos producen autos, tecnología de punta para computadoras, teléfonos celulares, aviones, naves espaciales, inteligencia artificial para robots, comida y nanotecnología inteligente, etcétera, etcétera, que quiere decir más y más cosas de lo mismo.

En fin mexicanos, como cantaban los chamacos de Maná, “pero este mundo ya giró y ahora te tocó perder”, es muy cierto.

Ese es el miedo que tengo, que mientras unos se enrollan en la bandera y se tiran por un acantilado sin un fin útil digo yo para la patria, otros sacan a relucir sus fobias ideológicas contra el presidente estadounidense: que si no quiere a los morenitos, que si le pega a su mujer, que si no acepta a los muchachas y muchachos, que les gustan los muchachos y a las otras las muchachas, que si no va a seguir la línea tradicional de los presidentes anteriores, que si va en contra de la política de relaciones exteriores de Estados Unidos, que si nos quieren conquistar, que va a retraer el mercado internacional, que nos va subir el dólar, en fin, una y mil pendejadas que no alcanzo a procesar porque no soy licuadora ni procesador.

Lo que si entiendo, porque me he puesto a estudiar desde hace rato los patrones de conducta económica de las potencias mundiales, es que ya dichos países no están dispuestos a cargar con el hambre, las necesidades, las guerras, las pandemias de otros países.

Vean lo que sucede en Rusia, Inglaterra, Japón, Alemania, India, Corea y ahora en Estados Unidos que se estaba tardando en recoger su ropa interior que traía regada por el mundo, y ahora se retrae.

En lo económico, el plan de Trump nos duela mucho, poquito o nada, es regresar el capital que traen los gringos regado por el universo dándole de comer a otros mientras que sus jóvenes están sin trabajo y sus viejos a punto de perder sus prestaciones de salud y de retiro.

Lo anterior lo digo por aquello que nos duele que regresen a México a millones de indocumentados que expulsamos debido a que tenemos un sistema político que ha quebrado al sistema económico empresarial y familiar. Es nuestra culpa, no de los gringos.

Lo otro, lo del Tratado de Libre Comercio o TLC, pues claro que lo quiere revertir Trump, porque aunque Carlos Salinas de Gortari fue nuestro villano favorito hasta que llegó Peña Nieto y ahora Trump, pues el pelón sabía lo que hacía y claro que nos benefició en el tiempo en lo que a comercio internacional se refiere, pero que no supimos entender y atender, y ahora nos pasa factura por flojos, faltos de visión y por estar cegados a una realidad mundial que ya no permite la holgazanería, el despilfarro, la corrupción y el valemadrismo.

Lo nuevo como siempre es inquietante, por eso estamos que nos cagamos en el pañal, y esperamos que con nuestros comentarios facebookeros, nuestras marchas, nuestras mentadas de madre al presidente gringo, nuestra demanda de nacionalismo y faje de pantalones del presidente Peña Nieto ante Trump, se resuelvan cosas que han tardado décadas en decantarse, de aglutinarse, de unirse, de juntarse, de presentarse, como decía el cantante Nicho Hinojosa, “coincidencias tan extrañas de la vida, tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio…, y coincidir”.

Pues sí, nos tocó en el espacio tiempo, coincidir. Coincidir con la Revolución de la Riqueza, con los cambios en el mundo que dicen Alvin y Heidi Tofler, escritores visionarios en su obra La Revolución de la Riqueza, “esa revolución va de la mano de drásticos desplazamientos en la situación espacial de la riqueza y de las empresas y las tecnologías que las producen. La integración económica en bloques como ha venido sucediendo con la globalización se frenará, mientras se aceleran otras dimensiones de la integración global”.

Pues bien, en este tiempo y en este espacio de la Revolución de la Riqueza estamos, México deberá enfrentar su realidad, la tranquilidad y “estabilidad económica” en que hemos vivido después de los 60, y que nos dejó apoltronados como sociedad, como gobierno y como nación, ya se terminó.

Pero la buena noticia es que todo lo que sucede pasa o acontece, siempre tiene una razón, los evolucionistas dicen que es para mejorar, y les creo.

Creo que México de esta realidad debe salir fortalecido, aprender, reactivar su mercado interno en beneficio de los propios mexicanos, empujar fuerte un nacionalismo empresarial, un crecimiento en el desarrollo del conocimiento y la tecnología en la que vamos rezagados, y con el valor fundamental de la unidad familiar, social y nacional, podamos salir una vez más al concierto de las naciones, y decir con orgullo, lo hecho en México está bien hecho, y estar preparados para competir en este mundo que ya giró.

No digo más, estoy cansado, y ustedes también de tanta sapiencia redactada en dos cuartillas y media, menos de un discurso profesional, por lo tanto, solicitaré como siempre que me sirvan mi café, negro como siempre, con dos cucharadas de azúcar como siempre, tibio como siempre, para no tener que soplarle como siempre.

Soplarle al café, es un acto que nos genera pequeñas comisuras entre los ojos, llamadas patas de gallo, por lo que recomiendo preservar la dermis lo más lozana posible, y evitar que el inflamar y desinflamar las mejillas con el fin de bajar la temperatura al negro brebaje, nos ocasione una cara llena de feas y poco atractivas arrugas.

 

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