¿Todos los periodistas, todo el tiempo?

Por: Rodrigo Ramírez Tarango
¿Todos los periodistas, todo el tiempo?

En días pasados desde Ciudad Juárez una persona propuso en Twitter una encuesta, se infiere, para conocer la percepción de los usuarios de este medio social sobre la relación entre el gobernador Javier Corral y “la prensa”.

El ejercicio ciudadano (aunque para algunas personas el origen no es ciudadano, algo sujeto a otro debate) parte de consultar lo siguiente: “La prensa ataca a Javier Corral porque…” y se proponen tres respuestas, la primera: Gobierna mal; la segunda: No es atento con ella; y la tercera: No les da dinero.

El instrumento fue creado el 13 de marzo a las 0:51 horas desde ciudad Juárez, Chihuahua, y contaba con 186 votos, 19 retweets y 9 me gusta, esto al miércoles 15 de marzo a las 18:00 horas.

El resultado no es trascendente, en particular, por lo mal diseñado de la cuestión.

No se plantea como pregunta, es una premisa para aseverar. ¿Aseverar qué?, primero que toda la prensa ataca a Javier Corral Jurado. Afirmación tácita que es profundamente injusta, pues de ella se desprendería que toda la prensa (todos los medios y todos los periodistas) atacan todo el tiempo (que les es posible) al titular del Poder Ejecutivo Estatal.

Los ataques desde la prensa son actos contrarios a la ética periodística, pues implican que se usan los medios masivos de información para acometer, agredir, asaltar o arremeter, en este caso, en contra de una persona en su investidura de gobernador del Estado de Chihuahua.

En este escenario, proponer que el gobernador es atacado por todos los periodistas todo el tiempo exhibe al mandatario como la víctima perfecta, así sea porque quien responde a este planteamiento considere que gobierna mal, ya que lo recibido por parte de todos los periodistas todo el tiempo es un ataque, no una crítica o un reportazgo periodístico con sustento. Se agrede al mandatario, esa es la premisa fundamental.

Pareciera que se le da demasiada importancia a un ejercicio que se presenta como particular en un medio social como Twitter. No es tal el motivo del presente análisis, sólo es el punto de partida para una reflexión que pretende ir más allá.

En primer término, la prensa es un término que agrupa a demasiadas personas en lo particular, a personas en empresas, a personas en instituciones y a personas en asociaciones, entre otras. No es apropiado generalizar sobre “la prensa”, particularmente sobre el trabajo sustantivo de las personas que laboran para los medios: informar.

Al generalizar sobre un tema en particular se crean las percepciones, sobre todo las negativas. Como ejemplo tenemos a la labor legislativa en nuestro país, nuestros representantes populares están entre los peor evaluados por la ciudadanía, pues persiste la idea de que cobran mucho por hacer muy poco. El caso que es sí hay legisladores (locales y federales) que aportan muchísimo positivo tanto en los trabajos sustantivos como en gestoría, pero la percepción es que son un lastre. Apreciación injusta también.

Cuando desde el gobierno se generaliza, particularmente sobre una actividad determinada, y más en sentido negativo, el fenómeno crece exponencialmente ya que se le da carácter de verdad oficial. Por eso lo delicado de los pronunciamientos tanto de los titulares en los Poderes Públicos como de los subalternos.

Generalizar y afirmar que toda “la prensa” exige dinero a un gobierno es equiparar a la actividad de todos los representantes de los medios masivos de información con la de integrantes del crimen organizado que cobran por no hacer daño o por brindar protección de los ataques que ellos mismos propinarían en caso de que no sean satisfechas sus pretensiones económicas.

Si bien todos los medios de información (salvo los permisionados que sí cumplen con la Ley) son negocios, esto no es sinónimo de que siempre y en todos los casos se pretenda desde la iniciativa privada extorsionar a los representantes de la administración de lo público para que cedan contratos pagaderos con el dinero que es de todos.

Por ejemplo, en caso contrario, si hoy un medio habla bien del gobierno, incluso lo defiende, no es dable acusar a los responsables de la dirección del mismo como receptores de mucho dinero por parte de la administración, eso sólo puede hacerse con los elementos que, por cierto, sería muy bueno pudiéramos tener acceso todos los ciudadanos: los montos y las cláusulas de los contratos celebrados entre las administraciones y cada uno de los medios.

Montos y cláusulas, esto es con las condiciones que se estipularon en cada contrato, pues también hacer juicios por los montos sin conocer el detalle nos propone elaborar un juicio sumario sin todas las consideraciones necesarias.

El tema es delicado y merece un análisis aparte, pero en lo que hace a esta reflexión se debe asentar que de manera injusta se ataca el principal activo de los medios de información y de “la prensa” en general: la credibilidad que en uno de sus enfoques se puede traducir como confianza.

El ciudadano no puede confiar en un “la prensa” que ataca, no puede confiar en una prensa que no busca presentarle la mejor información para una pertinente toma de decisiones; porque aprecia –y desprecia- a una prensa sobre la que existe un calificativo negativo previo.

Cuando un pueblo no confía en sus medios de información, en su “prensa”, tiene rotos los canales de comunicación con sus representantes, y esto es muy pernicioso pues da paso a la total desconfianza entre gobierno y gobernados.

Hoy los medios sociales ayudan a que los gobiernos comuniquen, a que generen percepción, la apuesta en el sentido de que una administración emita comunicación directa con la ciudadanía resulta interesante, pero sujeta a prueba aún, particularmente porque una comunicación unidireccional carece de contrapeso, de análisis, de balance, algo que sí se da cuando la información es transmitida por los medios masivos, tradicionales y nuevos.

Los medios masivos como empresa y los periodistas como profesionales de una actividad que en su última consecuencia genera un bien público, tienen una gran responsabilidad frente a sus públicos, frente a las administraciones de la cosa pública, frente a sí mismos, ya que el trabajo de informar puede, incluso, definir el rumbo de un grupo social.

El análisis desde la sociedad del trabajo de los medios masivos de información debe proponer una selección de los mejores por preferencia, es decir, los que presenten los mejores contenidos serán los que subsistan.

Criterios como el anterior, aunado a la capacitación permanente, pueden ser base para generar mecanismos de fomento a la actividad periodística, en aras de una mejor comunicación que redunde en una mejor sociedad.

 

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