¡Descansa Norte, donde quiera que estés!

Por: Rodrigo Ramírez Tarango
¡Descansa Norte, donde quiera que estés!

Lo vivimos en Chihuahua al inicio de la década de los noventa, una voz dejó de emitir información, dejó de ser reflejo de opinión, de ser opción para los públicos en la ciudad capital del Estado que territorialmente es el más extenso y en ello uno de los más despoblados del país. Había cerrado Norte de Chihuahua.

El pasado lunes Norte de Ciudad Juárez sacó a la calle su última edición, El miércoles la edición digital dejó de ser renovada, sólo aparecieron un ¡Adiós! Y el reclamo de justicia para Miroslava Breach Velducea. Así lo declaró su dueño y director general en una publicación que hiciera su acérrimo competidor… vaya ironía, anunciar que dejará la actividad periodística justo en las páginas del medio con el que tuvo tantas diferencias, enfrentamientos, dimes y diretes.

El cierre de Norte de Ciudad Juárez deja un hueco en el periodismo del Estado de Chihuahua. No es propósito en esta colaboración el hacer apología de las causas, motivos, argumentos y polémicas que se generaron tras el Adiós de esa primera página del lunes 3 de abril del 2017; tampoco es la intención de formular juicios contra o a favor de las personas que participaron en las polémicas en la semana que hoy termina, cada quien carga en su conciencia lo que hizo, lo que dejó de hacer, lo que dijo y lo que calla, lo que escribe y lo que deja en el tintero, como se dice en el argot periodístico.

Tampoco es menester de esta entrega hablar de la relación contractual y la organización del medio, cada quien puede hablar de cómo le fue en un tiempo determinado en lo que hace a su empleo con la o las personas morales que elaboraron el producto que conocimos indistintamente como Norte de Ciudad Juárez, pero eso no viene al caso en la reflexión de hoy.

Al dejar de elaborar su edición impresa, Norte de Ciudad Juárez deja una historia rica en periodismo de investigación, de denuncia, de análisis y opinión que pocos medios pueden presumir.

Durante muchos años, casi todos los de su existencia en el impreso, Norte fue referente en análisis político, en investigación, en denuncia; era la divisa de la casa.

En lo personal, participar en Norte durante poco más de dos años como reportero y casi siete como colaborador periodístico me permitió ejercer a cabalidad la libertad de expresión, comprender los verdaderos problemas ético-deontológicos de la profesión desde la posibilidad de proponer, escribir y ver publicados trabajos que a criterio personal merecían la atención en la entidad. Libertad que también experimento en esta casa Editorial, El Heraldo de Chihuahua, es necesario acotar.

Durante años, Norte de Ciudad Juárez fue referente en Periodismo de Investigación, un ejemplo está en los temas de violencia contra las mujeres, particularmente en el triste episodio que marcó a esta frontera, los feminicidios, conocidos también con otra noción que no es correcto repetir.

La investigación que posteriormente se convirtió en señalamientos a los gobiernos fue también signo distintivo; todas las administraciones vieron ahí reflejados sus errores, no importó signo partidista, lo mismo fue exceso de titulares de Poder Ejecutivo que las cuentas públicas en el Congreso del Estado.

La problemática de los juarenses con sus calles, sus señalamientos, su transporte, sus trámites ante el gobierno y demás aspectos considerados locales merecieron siempre la atención de la redacción de Norte.

Claro que en el ejercicio crítico del periodismo se trastocaron intereses, se trastocaron famas públicas, en algunos casos posiblemente se cometieron errores, tampoco se puede asegurar que en 27 años ninguna persona se aprovechara de un puesto en la redacción para hacer algo indebido, para mentir, para calumniar, pero esas fueron las excepciones para un trabajo trascendente como el que le hereda Norte a los chihuahuenses.

Con el cierre de Norte en Ciudad Juárez se agota una importante fuente para que los ciudadanos accedamos al ejercicio de nuestro derecho a la información, se cierra una tribuna para la crítica, una tribuna para las diversas opiniones.

Para el periodismo se cierra una escuela. Cada casa editorial es una escuela con su estilo, sus condiciones, su sello distintivo. Norte nos marcó a muchos.

Este tipo de expresiones son naturales, el periodismo es romántico, se ejerce con un sentido idealista cuando se hace sin apego a contratos o intereses ajenos a lo que el reportero considera interés público.

Ese fue el periodismo que muchos practicamos en Norte de Ciudad Juárez, esa fue la escuela en la que muchos maestros forjaron periodistas que posteriormente fueron galardonados local, estatal y nacionalmente.

El significado del cierre de este matutino es como cuando se presenta un balance negativo, en este caso malo para la ciudadanía de la entidad, pues pierde una tribuna de expresión, una trinchera a la cual acudir a defender el interés ciudadano, un valladar que pudo en diversas ocasiones contener los abusos que algunos perpetraron desde el poder.

Todo eso y más significa el cierre de un medio de información. No sólo se pierden plazas laborales, sustento de un buen número de familias, se registra un retroceso en lo que hace a las libertades de prensa y expresión, al ejercicio del derecho a la información y todo lo que de ellos deriva. En síntesis pierde la sociedad toda.

Para muchos, Norte de Ciudad Juárez fue en una época determinada más que un periódico impreso y/o una edición digital renovable en tiempo real, fue la representación del periodismo libre y libertario, una noción más allá de papel y tinta, un espíritu con ansias de redención en momentos difíciles en la frontera, en el Estado todo. Claro que para otros fue una piedra en el zapato, para algunos otros un reclamo permanente cuya conciencia no podía ser comprada.

Hace años en un programa de televisión producido en Norteamérica “Llamadas a Medianoche”, en el que un locutor la hacía de justiciero también, su despedida era aludía a ese concepto tan estadounidense de “América”, hoy quizá sea el mejor para una humilde despedida a la que fue mi Casa Editorial.

¡Descansa Norte de Ciudad Juárez, donde quiera que estés!

 

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