¿Porqué son malas las publicaciones de contenidos obscenos?

Por Rodrigo Ramírez Tarango
¿Porqué son malas las publicaciones de contenidos obscenos?

Las publicaciones de contenidos obscenos deben ser retiradas de la circulación, retiradas del alcance de cualquier persona; así lo establecen nuestras leyes en congruencia con tratados internacionales en la materia, tal y como se analizó el domingo pasado.

Estas prohibiciones son la base por la que el Senado reformara la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos de Trata de Personas, ratificando la proscripción de toda publicidad o inserciones pagadas en los medios de información masiva de que incluyan anuncios de contacto sexual o que promueva la prostitución y la pornografía, así como cárcel para editores y responsables de medios.

Pero ¿porqué son malas las publicaciones de contenidos obscenos?, ¿qué no atenta esto contra la libertad de expresión en una sociedad en la que las leyes existen para tutelar los derechos de las personas?

Primero es bueno señalar que el derecho debe tutelar, antes que a la libertad, otros los bienes jurídicos que hacen posible a esta última, como la vida y la salud física y mental, por ejemplo.

Así, cuando hablamos de libertad hablamos de actos humanos que, de acuerdo a la definición de ética, deben ser dirigidos hacia el bien honesto, de acuerdo con la recta razón. (Los actos humanos se diferencian de actos del hombre por el uso del raciocinio).

Los actos humanos deben ser dirigidos hacia el bien honesto, entendido este como el bien propio y adecuado a la naturaleza del hombre en cuanto hombre.

De esta forma, podemos colegir que la noción de libertad no es igual a que el ser humano se permita hacer todo lo que desee, sino hacer lo que debe en relación con la dignidad humana y el bien común, por su propio bien físico y espiritual.

En otras palaras, el hombre es un ser racional, dotado de intelecto para encontrar la verdad y de voluntad para buscar el bien. Con esta base se asegura que para el hombre ser libre significa ser dueño de sus actos y aceptar que la libertad es inseparable de la responsabilidad.

Segundo, y en relación a las publicaciones obscenas (pornografía), algunos piensan que no es un problema grave, pues creen que la noción “pornografía” se refiere exclusivamente a cierta información de carácter sexual explícito que puede encontrarse sólo en algunas publicaciones y, principalmente, que es una cuestión privada.

El gran problema es que la pornografía no es una cuestión privada, genera consecuencias sociales identificadas e identificables como nocivas para los grupos sociales, pues nuestro entorno influye en la formación de nuestros gustos, opiniones, creencias y acciones.

Entonces la pornografía no es una cuestión privada porque ataca la dignidad de la persona humana y el derecho a la intimidad de las relaciones sexuales, pues hace de ellas un hecho público y mercantil.

Ataca el bien individual y el bien común (de la sociedad) cuando la degradación sexual y la violencia son motivos de diversión.

Mercantilizar la sexualidad tiene consecuencias, como ya se había señalado anteriormente, por ejemplo las relaciones familiares se ven trastocadas, pues cuando la conducta sexual se pervierte, afecta todas las áreas de nuestra vida: la relación con nosotros mismos, con el cónyuge, con los hijos, con el sexo opuesto en general, con todas las personas que tienen alguna importancia para nosotros, y para los creyentes en la relación con Dios.

Nada puede pervertir tanto la conducta sexual como la pornografía, y la primera víctima es la familia porque inhibe la procreación, trastorna la relación de amor entre los esposos ya que el sexo deja de ser una expresión de amor para convertirse en una demanda egoísta al buscarse como objetivo ya no la fecundación sino la frecuencia, intensidad y durabilidad del placer.

Esto se entiende a la luz de que una vez iniciado el proceso degenerativo, el sexo fuera del matrimonio es frecuentemente más excitante, debido a la alteración química y la combinación de miedo y fantasía. Es más excitante, pero deja un vacío en las personas que viven atrapadas por sus pasiones.

En etapas más avanzadas de este proceso, surgen como necesidades propias del vicio la proclividad a la fornicación en todas sus manifestaciones como adulterio, bestialidad, sexo grupal, sadomasoquismo, incesto, abuso, homosexualidad, entre otros.

Es preciso señalar que no todas las personas que “consumen” este tipo de publicaciones llegan a estas consecuencias, pero en los casos en que sí se llegó a incurrir en las conductas enunciadas siempre estuvo en el primer o segundo peldaño la pornografía. A la luz de este razonamiento es como se entiende el porqué debe ser retirada de la vida pública.

Es necesario adoptar conciencia que la pornografía es el primer escalón en la gama de vicios (pecados) conocidos como “de la carne”, pues inicia como simple curiosidad, pero llega a genera una obsesión pues una vez “enganchado” siempre se buscará superar la excitación inicial por medio de material cada vez más explícito y violento, y regularmente se busca materializar lo que se ve.

Los anuncios que promocionan contratos de servicios sexuales son inaceptables, se trata de una persona destinada al placer sexual de otra, algo intrínsecamente perverso cuando se trata de niños y adolescentes.

En el terreno de la bioquímica, la pornografía libera la testosterona en los hombres, adrenalina y otras sustancias neuroquímicas, es decir, el almacén natural de drogas del cuerpo.

La adrenalina crea adicción, en este caso a la pornografía, motiva nuestra producción de drogas, un círculo vicioso generado a partir de la combinación de culpa, miedo y excitación sexual que produce una euforia cercana al éxtasis.

La euforia impide las relaciones normales: obnubila el amor, ya que ninguna experiencia sexual normal igualará las experiencias anteriores imaginadas en la pornografía. El amor se finca en la confianza en y hacia la persona con la que se tienen relaciones, por tanto desaparecen riesgo, culpa, vergüenza y todas esas sensaciones de peligro que tanto excitan.

La pornografía puede causar daños irreparables en la mente, dañando el buen juicio y el control que todo ser humano debe ejercer sobre sí mismo, para no ser una bestia.

La pornografía promueve una fantasía destructiva y negativa que aísla de los demás, llegando a ser una adicción especialmente solitaria.

Debido a que la pornografía siempre se desempeña mejor en la imaginación, es allí donde a menudo permanece, causando muchas veces impotencia, pues es muy difícil que la pareja responda en la forma delirante que muestra una sesión de pornografía calificada como dura.

La pornografía corrompe y desnaturaliza la sexualidad humana, analicémoslo, hemos llegado como sociedad a un nivel de degradación que hoy se cree y se defiende a las personas dedicadas al tráfico de seres humanos, a la esclavitud y al vicio, como alguien que se gana la vida "honradamente"; pero en realidad estamos ante personas equiparables a un ladrón, un asesino a sueldo, un narcotraficante.

Se afirma lo anterior, porque nada o poco hacen nuestras autoridades para evitar que la pornografía llegue a nuestros niños y jóvenes, a pesar de que está torciendo terriblemente sus futuras conductas, pues se encuentran en una etapa de sus vidas en la que no tienen defensa racional alguna.

 

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