Periodismo, Transparencia y el lento avance en la cultura política

Rodrigo Ramírez Tarango
Periodismo, Transparencia y el lento avance en la cultura política

 

Con el surgimiento de las leyes de Transparencia y Acceso a la Información hace ya más de 15 años, algunos pensaron que cambiaría la forma de hacer periodismo. No faltaron quienes aseguraban que se abrirían por arte de ley los arcana imperii; pero pocos, muy pocos, advirtieron que los modelos legales no se adecuaban a nuestra cultura, a la cultura política particularmente.

La primera ley en promulgarse fue la Federal, previo a su aprobación por parte del Congreso de la Unión se montó un extraño tinglado llamado consulta pública para luego decir que el proyecto de decreto contaba con el aval moral del entonces denominado “Grupo Oaxaca”.

La publicidad gubernamental dirigida a la ciudadanía era fantástica, se nos dijo que todo aquello que se pidiera sería otorgado como información pública, el quehacer de la administración podría ser escudriñado como si se realizara dentro de una casa de cristal transparente.

A la luz de lo anterior algunos periodistas pensaron que tendrían abiertas las puertas de esa casa de cristal, que podrían llegar, solicitar y redactar sus informaciones con la solidez de la más formal de las fuentes, el documento membretado, sellado y firmado legítimamente.

La primera desilusión para esos entusiastas fue cuando se dieron a conocer las condiciones para solicitar información, destacando los plazos entre la recepción de la solicitud y la entrega de la información, algo así como 15 días hábiles, lo que representa semanas de espera.

La Ley no hizo distingos, se aplica al parejo, difícilmente podría ser de otra forma; es decir, los periodistas no tienen trato distinto que otro tipo de solicitantes. El desencanto del periodismo hacia la transparencia comenzó a crecer.

Durante los primeros años la relación entre el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (sus siglas debieron ser IFAIP, hoy INAI) y los periodistas fue ríspida, la primera presidenta del órgano no tenía buena opinión de los periodistas.

Sin embargo, con su segundo presidente, el IFAI comenzó a ganar confianza entre algunos sectores con el factor más importante, sus resoluciones.

A partir de ahí se creó una fuente para los periodistas investigadores, fuente que de cuando en cuando permite al periodista tenaz dar el campanazo para publicar algún reportaje con base en los datos perseguidos durante semanas o meses.

En los inicios, desde los Estados la transparencia federal era un fantasma, una entelequia que se convertía en la nada a la hora de toparse con la exigencia del órgano para que el solicitante compareciera en la ciudad de México a ratificar su queja o solicitud de datos personales.

Luego el mismo Instituto Federal de Acceso a la Información se encargó de promocionar el manejo de su plataforma web, el famoso SISI, conocido entre algunos como el “no-no” en franca ironía, de donde fue posible rescatar las respuestas históricas a las solicitudes, y así el órgano garante de la transparencia, el acceso a la información y la protección de los datos personales se hizo un poco más amigable con la plataforma Infomex.

En lo local las cosas fueron distintas, la prensa en las ciudades grandes y medianas esperaba mucho de los nuevos sistemas de acceso a la información, pero luego de algunas escaramuzas para obtener datos  de los denominados “sujetos obligados” y, en su caso, el correspondiente trámite recursal ante el órgano garante en caso de inconformidad, poco uso tiene el sistema para el ejercicio periodístico.

Pero las leyes no son el problema, ni nos institutos, ni los periodistas, es algo que se sintetiza en una idea sencilla, nuestra cultura.

Las leyes de transparencia no nacen de la costumbre (que es una de las fuentes del derecho), ni de la necesidad de los gobiernos por decir qué, cómo, porqué y para qué se toman las decisiones y se hacen o no hacen las cosas. Tampoco nacen de un clamor generalizado de distintos sectores sociales.

La razón es simple, no está en nuestra cultura política.

Prevalecen la apatía y el secretismo; el primero por parte del gran público, entre ellos los periodistas; y el segundo por parte de los ciudadanos que les toca estar al frente de los “sujetos obligados”, claro, con sus honrosas excepciones.

Antes de presentar un panorama totalmente negativo sobre el tema, es preciso reconocer que esto de la transparencia, el acceso a la información y la protección de los datos personales no son regulaciones inútiles, como algunos ya pensaban o como otros piensen derivado de la lectura del presente artículo, por el contrario, son punta de lanza para algunos cambios en la forma de administrar los dineros públicos, pero que ni son los cambios que se anunciaron y menos los cambios que algunos esperaban.

Y no son los cambios que se anunciaron porque las administraciones no son casas de cristal, ni son los que se esperaban porque derivado del ejercicio de los derechos de acceso y protección no cambió la forma de administrar la cosa pública.

El secretismo al que se hizo referencia líneas arriba es parte de la cultura política, pero no por ello es bueno, sólo prevalece como una herencia de años y años de inercia, de usos y costumbres que una ley traída de fuera no puede romper.

La principal causa para que un funcionario público opte por no brindar la información pública solicitada es comúnmente más simple de lo que podemos elucubrar, simple y llanamente algunos servidores públicos piensan demasiado en una pregunta que por ley no deben formular al peticionario: “¿y para qué quiere esa información?”

Obviamente al formularse la pregunta vienen a la mente respuestas variadas que ponen en serios predicamentos mentales a los servidores públicos responsables. Si la solicitud de información en turno es formulada por un periodista, esa preocupación crece exponencialmente.

Predomina en la clase política (que ocupa los cargos en el servicio público) una constante lucha por el poder, y en esta batalla permanente la información juega un papel muy importante ya que con base en ella se pueden cuestionar reputaciones, carreas, trabajos de años, muchos años.

Esto pareciera irracional, y en muchas ocasiones lo es, pues a la luz de la ley que establece cuál será la información pública y cuál la información reservada, se supone que no debe haber problemas para brindar el libre acceso al solicitante así como explicar los motivos y los fundamentos de porqué no se pueden entregar los datos solicitados; sin embargo algunos servidores públicos ven en casi cualquier pregunta una amenaza a su seguridad política.

Por ejemplo, revelar cuánto fue el gasto total por la construcción de una obra pública (no es lo mismo lo que se presupuesta, a lo que se paga al final) pareciera que pone en situación de vulnerabilidad a la autoridad responsable, pues hay un gran temor a los señalamientos públicos, a los señalamientos que se ven reflejados tarde o temprano a través de los medios. Si el incremento en lo erogado es justificado ¿cuál es el temor?

Algunos funcionarios prefieren apostarle a no dar la información en espera de que el asunto se olvide, pero en realidad dan pie a suspicacias.

Esas son las principales trabas para el acceso a la información y la explicación de porqué algunas veces la transparencia se convierte en opacidad.

Cultura para la transparencia, cultura de la transparencia, cultura en la transparencia, más que un juego de palabras, son tres nociones que en el futuro deben formar parte de la cultura de los mexicanos    

Noticias Relacionadas

girls-club

Ley Fayad

09 de Noviembre de 2015
girls-club

Siempre ganan los políticos.

02 de Mayo de 2016
girls-club

¡No es cierto los 5 mdd!: Pedro ¿Qué?, ¿Así nomás?

13 de Julio de 2015
girls-club

Urgente capacitación

12 de Diciembre de 2016
girls-club

Muro de Trump: ¿Contra indocumentados o para contener a mexicanos?

30 de Enero de 2017
girls-club

¿Cómo queda el Barzón con Toño Saldaña al frente?

16 de Noviembre de 2015

El Observador es el semanario más antiguo de la Ciudad de Chihuahua, y es uno de los más importantes del Estado. Su primer número circuló el 11 de enero de 1999 bajo la dirección del periodista chihuahuense Jorge Macías Rodríguez.

Nuestra misión es producir un medio de comunicación capaz de ofrecer información de alto contenido en investigación, análisis, que le de la oportunidad al lector de tomar decisiones y que a la vez contribuya a exaltar los valores morales, cívico y sociales de los chihuahuenses.

Desarrollado por BACKEND Diseños Web