Los dueños de las calles

Por: Fidel Bañuelos
Los dueños de las calles

 

Lamentablemente nuestra ciudad se ha convertido en el verdadero ejemplo de las malas costumbres sociales. Y es que a raíz de la inseguridad que se vivió en todo el país, propiciado por el gobierno sexenal de Felipe Calderón Hinojosa, los chihuahuenses en particular, nos volvimos agresivos, inseguros y a la defensiva.

La reforma penal beneficia a quienes delinquen y afecta más a las víctimas. La Ley en nuestra entidad no tiene credibilidad, por ello y ante la falta de mano dura por parte de las autoridades, el común de la gente hace lo que le place, lo que le viene en gana, visto localmente en ciudades como Chihuahua y Juárez.

Este abuso por no respetar las leyes, de ignorarlas y hasta burlarse de ellas, permite que nos convirtamos en una ciudad sin ley, donde únicamente los débiles pagan las consecuencias y los poderosos evaden las celdas con tan sólo una llamada telefónica, o sacan su cartera.

Ejemplos claros de lo citado, en lo personal y en comunión con quienes platico, coincidimos con un listado de las diez principales actitudes ciudadanas que violan la normatividad con mayor recurrencia, y que no han sido cuidadas ni atendidas por las respectivas autoridades:

Vehículos estacionados frente a portones y cocheras, a cuyos conductores no les importa su acto, ni a quiénes afectan.

Vehículos estacionados en las banquetas, dizque para evitar se los roben de las calles.

Vehículos estacionados en los espacios azules para personas con discapacidad, como una forma de comodidad para sus conductores. Así las personas evitan caminar más y evitan la fatiga.

Conductores de vehículos que no anuncian con la direccional su próxima vuelta. Donde se les antoja giran el volante del automotor sin medir las consecuencias, sobre todo para el conductor que circula cerca del infractor.

Vehículos estacionados en doble carril o fila, a las afueras de las escuelas. Lo hacen para evitar que sus hijos caminen unos metros más, pero si por ellos fuera subirían el vehículo en la banqueta o entrarían hasta el salón de clases.

Conductores que circulan en tramos cortos invadiendo sentido contrario. Prefieren ahorrarse gotas de gasolina y con ello no dar la vuelta a la manzana, para llegar a su destino. Sin medir consecuencias realizan actos de barbarie que sólo en las películas se veían.

Conductores de vehículos que se pasan los semáforos en rojo. La espera desespera. La clave es medir las distancias y asegurar la trayectoria.

Vehículos estacionados abarcando dos cajones. A los conductores no les importa dejar sin espacio a otro vehículo, se hacen los dueños del lugar. A sus anchas. Con ello evitan los portazos.

Camiones de transporte urbano sin placas y sin luces. Con total impunidad circulan por las calles y avenidas. Muchos sin luces ni atrás ni al frente, y otros muchos más, sin placas. Claro, a la vista de la autoridad vial que se hace “el que no ve; sólo estira la mano…”

Conductores de vehículos con celular en mano, mientras conducen. Esta es una de las causantes que registran un sinnúmero de accidentes viales, algunos de consideración y otros con resultados fatales. Las personas se niegan gastar 100 pesos y comprar un manos libres, prefieren pagar consecuencias lamentables o cuando bien les va, una multa que les representa el sueldo de la quincena.

Es así como en diez puntos se señalan a los dueños de la calle. A los bruscos, prepotentes y agresivos, entiéndase hombres y mujeres, de cualquier edad, a los que no les puedes señalar su falta al Reglamento de Vialidad porque sacan pistola, navaja, garrote, resortera, el bolso, se quitan los tacones, el brassier o lo primero que agarren. Se tiran a la yugular para callarte. Se sienten ofendidos y hasta te quieren meter a la cárcel acusado de hostigamiento, robo, insinuación pecaminosa o intento de asesinato.

 

En fin. Sin embargo, en este apartado señalo que también son dueños de las calles aquellas personas que les gusta caminar para recorrer sus distancias, pero, debajo de las banquetas. Incluso, aquellos que cruzan de lado a lado, pero no por las esquinas, sino a la mitad de la calle, metiéndose entre los vehículos, como el mejor torero de la plaza. Esquivan y eluden los peligros.

Los conductores de vehículos en muchos de los casos tienen el infortunio de encontrarse en las calles con esta clase de personas. Hacen maniobras o hasta frenan su transitar para evitar atropellarlos. No obstante, estos infractores de la ley se sienten ofendidos y perseguidos si pasa el automotor cerca de ellos. Inmediatamente echan brava y hasta sienten que se les agredió. Creen que se les persigue para bajarles a su pareja o para pedirles prestado, incluso sienten que se les quiso asesinar.

Diría Héctor Suárez: ¿Qué nos pasa?

Cosa seria debería considerarse este análisis. Nos hace falta mucha educación vial, pero sobre todo humildad, conciencia…

Las calles son para los medios de transporte con llantas (bicicletas, motos, carretas, carros, pick ups, camiones de pasajeros, camiones de carga…)

Las banquetas para el transeúnte. ¿Se entenderá esto?

Si las personas que infringen cualquiera de la normatividad vial, llegaran a entenderlo, nuestra ciudad, estado y país, sería otro.

Vale la pena que nos echemos un clavado y leamos en 15 minutos el Bando de Policía y Buen Gobierno.

De igual manera, la autoridad gubernamental necesita preocuparse por llevar la educación vial a las escuelas, centros de trabajo, antros, centros de autoridad moral, etc… antes que las consecuencias pasen a mayores. Antes que enfrentemos otra generación perdida, antes que se tengan que lamentar.

Esta es mi opinión…

 

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