Interés público, el ideal para los medios de información

Por Rodrigo Ramírez Tarango
Interés público, el ideal para los medios de información

 

Los medios de información cambian la forma de presentar sus contenidos influenciados principalmente por los avances de las tecnologías, en virtud de los nuevos canales por los que se puede transmitir eso que tradicionalmente se ha considerado noticia, aunque este concepto también cambió por responder a variantes del interés público (algunas necesarias, pero otras falaces).

La información de escasa pasó a ser abundante, de abundante pasó a ser super abundante, pero en todo este proceso que tardó siglos hay un factor importante a considerar, la calidad de lo que se transmite como noticia.

A manera de problema de investigación, sólo por cuestión de método, se formulan tres preguntas torales para el análisis de lo anterior, primero ¿quién define lo que es de interés público?, para después tratar de responder si es verdad que ¿los medios de información moldean al público? o ¿el público es el que provoca a los medios para presentar de una u otra forma la información demandada?

Partimos del supuesto de que el interés público es definido precisamente por el consumidor de la información, pero en los hechos esta noción (en el mejor de los casos) es una guía para que quienes hacen periodismo inicien su búsqueda. En el peor de los casos es blandido como arma por algunos para buscar meterse en temas con los que sólo buscan explotar el morbo del público.

Pero el interés público no es un eufemismo inventado desde los medios de información, el interés público es lo que genuinamente incumbe a las sociedades para su desarrollo, para el bienestar de sus integrantes; es lo que se desprende de la “cosa pública” que no es otra que la actividad de los órganos del gobierno, la actividad de quienes trabajan con el dinero de todos, de la actividad de quienes deciden por nosotros en eso que la ley les mandata.

Son también de interés público (como se ha mencionado en anteriores entregas) los hechos de violencia, para que la sociedad esté al tanto de posibles peligros y actué preventivamente, a la par de exigir justicia por los canales adecuados, entre ellos los mismos medios. En estos últimos temas, como también ya se comentó, la forma de publicarse es lo que hace la diferencia entre informar y deformar.

Pero hay otra noción que se usa particularmente para aludir a los medios de información, desde los mismos medios y desde lo que podemos considerar como fuentes de información, sean estas públicas o privadas: la opinión pública.

Se imputa a los medios de información como los portadores de lo que el gran público pide o necesita, y puede llegar a ser real, si los responsables del medio se asumen como quienes buscan día a día lo que interesa, es decir, son genuinos representantes del interés público.

Pongámoslo en perspectiva: los medios se llaman así no sólo por ser vehículos de información, sino porque están justo en medio entre gobierno y sociedad, transmiten como información lo que se hace o se deja de hacer en los órganos de gobierno al gran público, y son portavoces de las necesidades, inconformidades y demás manifestaciones sociales para que los gobiernos las atiendan.

Obviamente con esta simple relación no se agota el papel de los medios masivos de información, no todo es observar o criticar la acción o inacción de los gobiernos, obviamente hay una enorme lista de tipos de informaciones que los ‘mass media’ aportan a sus públicos, pero con el tema gobierno-sociedad se puede ejemplificar de mejor manera cuando prensa, radio, televisión o internet trabajan en aras del interés público (el primer caso al que podemos agregarle el calificativo de “genuino”), y cuándo se enarbola legítimamente a la opinión pública (segundo caso).

Luego entonces: ¿Los medios de información moldean al público? o ¿el público es el que provoca a los medios para presentar de una u otra forma la información demandada?

Definitivamente en la actualidad, y en el pasado también, los medios moldean el interés público, porque no son medios de comunicación, siguen siendo medios de información ya que en sus procesos no se logra el ciclo que inicia como emisor-canal-código-mensaje-receptor y que se cumple cuando hay respuesta, es decir, el receptor pasa a ser emisor y el emisor receptor.

Deciden por el gran público qué interesa y qué no interesa, cambiando constantemente este interés de acuerdo a criterios que no siempre están alineados con el legítimo interés de la sociedad, provocando incluso cambio de paradigmas.

¿Qué tipo de cambios?, por ejemplo tenemos que hace algunas décadas sólo había un público muy reducido que buscaba los reportazgos sobre violencia con detalles descarnados de los hechos. Hoy algunos libelos viven de eso, sin importar los daños objetivos que provocan a familias completas o el daño que poco a poco le hacen al llamado tejido social.

También en el pasado reciente se cumplía con la ley  y las publicaciones pornográficas circulaban bajo cubierta y sólo se vendían a mayores de edad. Hoy se venden antes del medio día y entre sus distribuidores están también los niños.

Pero no únicamente este tipo de problemas (muy graves por cierto) carcomen al periodismo y a la sociedad actuales, también hoy vivimos casos serios de desinformación, provocada particularmente por el mal manejo del concepto de “inmediatez” que se incorpora en los medios que se pueden consumir con sólo digitar una dirección electrónica en un navegador de internet.

En algunos casos este tipo de periodismo sólo aporta información superficial del hecho, en el primer dato recabado (de casi cualquier forma) para ganar el momento de “primicia” en el ciberespacio, pero queda en tercer término la confirmación del mismo dato.

En algunos de estos medios el objetivo clave es llegar primero al lugar de la noticia, generalmente para la explotación del morbo, y la información se traduce sólo en varias fotos (entre más sangrientas mejor) y dos o tres párrafos (algunas veces muy mal redactados y con faltas de ortografía) para tratar de explicar los hechos que relató algún testigo presencial o de oídas, pues no importa tanto.

El cambio que trajo el avance en las tecnologías nos legó conceptos como los de inmediatez, medios integradores de texto, foto y video. Nos hizo la información super abundante, pero es tanta que sólo llega como foto, encabezado o pie de foto.

Las nuevas tecnologías y algunas personas que hacen periodismo con ellas nos proponen saberlo todo a más tardar a los 15 minutos de que suceda, de que se declare, pero en algunos casos desinforman, crean confusión aprovechando su poder de influencia (basado en eso de que quien pega primero, pega dos veces), para fines que nada tienen que ver con el auténtico periodismo, ese que debe buscar el interés público para ser verdadero portador de la opinión pública.

Así, las nuevas generaciones se comienzan a formar “al ritmo” de la inmediatez, pero sólo buscando conocer qué pasó, pero sin ir más allá de la foto y la descripción primera de lo acontecido, o la declaración sin contexto, o del video gracioso.

 Paulatinamente, los medios que precedieron a los hoy llamados “digitales” se adaptan a las nuevas formas de publicar información, pero para que no se pierda la esencia del buen periodismo será siempre necesaria la preparación de los responsables de los contenidos en los medios de información, para que interés público y opinión pública sean conceptos legítimamente utilizados en beneficio social.

Para el manejo de esta super abundancia de información desde los medios masivos se hace necesaria una cada vez mayor preparación de quienes recaban y publican los datos que son de interés general, ya que en sus manos está una parte importante de la agenda pública, de ellos depende que esta no caiga en la tentación autoritaria, o que no se desvirtúe de tal forma que sólo sirva para intereses muy particulares, regularmente contrarios al bien común.

 

 

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