Periodista profesional

Por Rodrigo Ramírez Tarango
Periodista profesional

Cotidianamente se habla de la profesión periodística, de los profesionales del periodismo, del periodista profesional, sin embargo en México no existen parámetros legales que orienten a esta actividad humana hacia la profesionalización.

Diferentes organizaciones, tanto gremiales como empresariales (medio-empresa), dedican esfuerzos para capacitar a sus agremiados/empleados, en un esfuerzo en aras de mejorar las condiciones de los periodistas y de los productos que elaboran, pero esto dista de un camino franco a la profesionalización de la actividad.

Desde 1959, el Estatuto del Periodista Profesional en Argentina (Pinto, 1959), propone entre otras cosas “independizar al periodista profesional de toda interferencia extraña a fin de lograr que el mismo fuera realmente un profesional y viviera de su trabajo”, esto en el marco de buscar fijar las condiciones contractuales para esta actividad así como algunos fundamentos éticos.

De acuerdo al Diccionario Jurídico de los medios de comunicación (Landeira, Cortizo, Sánchez, 2006) se entiende por periodista profesional aquel cuya ocupación principal y remunerada consiste en la obtención, elaboración, tratamiento y difusión por cualquier medio de información de actualidad, en formato literario, gráfico, audiovisual o multimedia, en virtud del encargo regular de una o varias empresas informativos y siguiendo las instrucciones básicas de las mismas.

Claro que esta definición es discutible desde la noción de “ocupación principal” ya que bien puede ser no principal en cuanto a tiempo y percepción, pero esa condición per sé no quitaría el carácter de periodista a la persona.

Tampoco la propuesta de Lydia Cacho (2016) hace un aporte distinto al considerar que el periodismo se convirtió en una profesión en México con la apertura de la escuela Carlos Septién García en 1949 o la posterior iniciativa de la Universidad Nacional Autónoma de México de abrir su propia cátedra para profesionalizar a los medios.

Sin embargo tanto este dirimente como otros ya propuestos en este espacio no abordan la profesionalización, sólo describen quién puede ser considerado periodista pero sin proponer, por ejemplo, una capacitación regular.

Como se abordó en la entrega del domingo pasado, establecer como obligatorio que los periodistas cuenten con una certificación académica está en pugna con la libertad de expresión, pues quien la ejerza no debe estar sujeto a cumplir condiciones previas.

Pero el fin de la comunicación a través de medios masivos es, entre otros que para este análisis resultan secundarios, el llevar a las personas datos de genuino interés público que potencialmente sirven para la toma de decisiones.

Esto propone la necesidad de que quienes nos dedicamos de una u otra forma a la elaboración de contenidos para medios masivos busquemos la preparación constante, en aras de mejorar los procesos que en no pocos casos tienen trascendencia, no sólo en lo que hace a la omnipresencia de los medios en nuestra vida, sino en su significado, por lo que afecta en diferentes dimensiones a una o varias personas.

Por ejemplo y en aras de ilustrar lo anterior, desde la perspectiva de los Derechos Humanos el periodista requiere conocer entre otras cosas el debido proceso, esto para evitar ser parte y juez de juicios sumarissimos, pues acusa y sentencia al mismo tiempo, violentando gravemente la esfera jurídica de las persona y resquebrajando violentamente el estado constitucional y democrático de derecho.

Lamentablemente aún es de uso común la criminalización de las personas a través de los medios masivos, pues la sola exhibición provoca en no pocos casos eliminar de tajo la presunción de inocencia. No hay distingo entre los diferentes casos, como la necesaria denuncia que requiere el conocimiento y sensibilidad del comunicador.

La adjetivación es otra práctica que expone al desprecio a algunas personas involucradas en algún hecho noticioso; en sí misma esta práctica puede reunir lo expuesto en el párrafo anterior ya que el calificativo es en sí una especie de sentencia.

Estos razonamientos permiten establecer que las personas dedicadas a la comunicación en medios masivos deben estar preparadas con elementos mínimos del debido proceso judicial, de derechos humanos y lo que en materia de percepción social refieren las representaciones de los mass media. Por ejemplo, señala Carmela Pérez-Salazar (2014), sobre un necesario empleo de términos no incriminatorios como cautela, posible implicación, presunto caso, presunción de inocencia, hacen que la imagen quede mucho más a salvo.

Entender y asumir las consecuencias de una publicación (un contenido informativo) implica el conocimiento de antecedentes, contextos y objeto de los datos contenidos en el producto elaborado por el periodista, pasando todo por el paradigma ético.

Quienes proponen contenidos que pueden llegar a cualquier hogar, a cualquier persona y en cualquier tiempo, tienen graves responsabilidades hacia esos públicos, partiendo de que mucha de la información sustentada en el genuino interés público es fuente para que las personas tomen las mejores decisiones.

La preparación debe ser una constante del periodista para buscar de manera permanente ser profesional en su labor.

Quede claro que al hablar de periodista profesional no se constriñe a la idea de que sea una persona con un título de licenciatura en el marco de estudios de periodismo y/o comunicación. El periodismo necesita profesionistas que todas las ramas del quehacer humano para logar de mejor manera las propuestas informativas propias de cada medio.

Para lo anterior, es necesario que los dueños de medios asuman el compromiso de exigir la preparación de sus periodistas, ello implica tanto la promoción como una correspondencia en lo que a sueldos y prestaciones se refiere, pues partimos que el mejorar los contenidos también debe impactar en la penetración del medio.

El camino a la profesionalización del periodismo presenta condiciones únicas, derechos que deben respetarse, pero no sólo los inherentes a la libre expresión de las ideas, los públicos también tienen derechos y estos, en aras de construir una mejor sociedad, deben sustentarse en el genuino interés público y la responsabilidad social.

 

Pinto, Manuel. (1959). El Estatuto del Periodista Profesional. Instituto del Derecho Social de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de la Plata. p. 64.

Landeira Prado, Renato. Cortizo Rodríguez, Víctor. Sánchez, Inés. (2006). Diccionario Jurídico de los medios de comunicación. Editorial Reus. Madrid, España. p. 261.

Cacho, Lydia. (2016). La ira de México: siete voces contra la impunidad. Penguin Random House, Grupo Editorial. Edición Digital.

Pérez-Salazar, Carmela. (2014). Del discurso de los medios de comunicación a la lingüística del discurso. Fank & Time. Berlín, Alemania. p. 89.

 

Comentarios: rodrigoramireztarango@gmail.com

Noticias Relacionadas

girls-club

Periodista empírico ó Periodista profesional

29 de Febrero de 2016
girls-club

El problema real que representan muchos ciclistas en la ciudad

09 de Febrero de 2018
girls-club

Anticorrupción

09 de Mayo de 2016
girls-club

Libertad de expresión denegada

19 de Diciembre de 2016
girls-club

La impugnación del PRI, solo una cortina de humo.

27 de Junio de 2016
girls-club

El lenguaje escrito, un ejercicio mental

11 de Julio de 2016

El Observador es el semanario más antiguo de la Ciudad de Chihuahua, y es uno de los más importantes del Estado. Su primer número circuló el 11 de enero de 1999 bajo la dirección del periodista chihuahuense Jorge Macías Rodríguez.

Nuestra misión es producir un medio de comunicación capaz de ofrecer información de alto contenido en investigación, análisis, que le de la oportunidad al lector de tomar decisiones y que a la vez contribuya a exaltar los valores morales, cívico y sociales de los chihuahuenses.

Desarrollado por BACKEND Diseños Web